No lo superas

 

IMG_3539.jpg¿Todavía no lo superas verdad?

Normalmente nuestra plática torna alrededor de las infidelidades de su marido, y en ver las fotos de la amante que guarda obsesivamente en su celular desde hace tres años. Sin embargo, ese día decide que hablemos de mi hija muerta, y de la foto de Léa que vio pegada en mi refrigerador.

Bueno, si lo dices por la foto entonces no, definitivamente no lo he superado. Tanto la foto en el refri como la de mi perfil de facebook estaban ahí desde que Léa vivía, y no veo por qué no pueden seguir ahí cuando ya no lo está.

No sé cómo explicarle que para alguien que ha visto morir a un hijo, el simple hecho de seguir respirando es ya todo un logro. Pero decido no decir nada, pues sé que eso solo lo entendemos quienes hemos sentido esa desesperanza.

Sin embargo, me deja pensando semanas enteras acerca del concepto de “superar” los duelos. En cierta forma siento que he superado muchas cosas: Ya no me quiero morir. Ya no quiero matar a los doctores que no pudieron salvarla. Ya no siento esas punzadas en el corazón cuando pienso en ella, porque sí, el dolor de la pérdida es un dolor del alma, pero también un dolor físico. Ya puedo hablar de ella sin que se me llenen los ojos de lágrimas.

Pero si superar el duelo significa que debo de hacer como que nunca existió, entonces no, no lo he superado, y sobre todo, no lo quiero superar. Si superar la muerte de mi hija significa esconder sus fotos, no mencionarla, no recordarla, dejar de hacer un pastel el día de su cumpleaños entonces decido, en plena consciencia, no superarlo nunca y además agradecerles a todas las personas que tampoco lo han superado. Aquellas que me siguen enviando un mensaje para celebrar su nacimiento, que no tienen miedo de nombrarla, que me envían fotos, que me recuerdan cómo era y qué le gustaba hacer.

Hace unos días, hablando con una persona que acababa de conocer, me preguntó quiénes eran mis hijos y le dije ellos dos, señalando a Yann e Inés. Pero Yann volteó y me dijo, no mamá, tú tienes tres hijos, nosotros dos y Léa que está en el cielo. Fue lo más hermoso que me ha pasado desde que Léa se fue, y sucedió gracias a no haber superado su partida y hablarles a mis hijos de su hermana que no está con nosotros porque simplemente se nos adelantó allá a donde todos iremos un día.

Hace seis años le prometí a la vida que sacaría lo mejor de esta pérdida, y que Léa estaría por siempre viva en mi corazón, el tiempo que me quedara hasta alcanzarla. Prometí que le echaría todas las ganas para lograr entender el sentido del dolor que estaba viviendo y de todo lo demás que me tocara por vivir, fuera lo que fuera. Hoy sé que, para lograrlo, necesito superar muchas cosas, pero también no superar algunas otras.

P.S. Al tiempo que escribo este texto, me llega la tristísima noticia de que mi tío Ramón acaba de fallecer. Espero que la vida me de la entereza para no superar nunca este 27 de julio de 2017, igual como no he logrado superar el 24 de julio de 1993, ni el 27 de febrero de 1994, ni el 2 de noviembre de 2008, ni el 1 de febrero de 2009, ni el 21 de septiembre de 2009, ni el 15 de enero de 2011, y mucho menos el 28 de julio de 2011.

Tío, nos vas a hacer falta. Abraza a todos de mi parte, diles que hasta pronto.

 

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Acerca de LaLoren

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