19 de septiembre

-Oye, supe del terremoto en México, tu familia está bien?
-Sí gracias, toda mi familia está bien. Pero hay muchos muertos y destrucción.
-Ah ok, ¿pero hubo daños materiales en tu familia?
-No, en mi familia no…
-Good

 

No… no good…. En realidad es muy bad. No porque mis familiares y amigos estén a salvo y sus casas no se hayan caído significa que todo esté bien.

Desde hace unas horas siento que cada uno de los mexicanos que está sufriendo es parte de mi familia. En algunos casos siento que soy yo misma la que sufre, siento que soy esa mamá esperando que su hijo sea rescatado con vida de entre los escombros de la escuela destruida.

Igual que desde hace unos días siento que soy la mamá de Mara Castilla, imaginando sin cesar como mi hija está siendo violada y asesinada a escasos kilómetros de mi domicilio; y como desde hace semanas siento que soy esa madre soltera caribeña a la que un huracán le destruyó su casa y la dejó sin absolutamente nada de lo que había logrado construir en toda su vida de trabajo;  o como desde hace 3 años siento que soy esa mamá de un estudiante de Ayotzinapa, esperando que alguien me diga dónde está el cuerpo de mi hijo para poder dormir una noche sin tener pesadillas; o como desde que estoy en Líbano siento que soy esa refugiada Siria, a quien le mataron a toda su familia frente a sus ojos; y como hace más de 10 años sentí que era esa familia asesinada por una ola gigante…

Sigo viendo las noticias, y entre toda la destrucción sobresale esa gente, que se pone a ayudar a cambio de nada, a todos, familiares o no familiares. Esa gente a la que de repente no le da miedo nada, que se pone a sudar, a cargar, a organizar… Y se me enchina la piel, y le agradezco a la vida que existan esas personas, porque es gracias a ellas que muchos migrantes se salvan de ahogarse en el océano o de morirse de hambre en el camino, que muchos refugiados logran tener asilo, que muchas familias logran reconstruir sus casas después de un desastre natural… Es gracias a esas personas que la palabra UNIDAD cobra todo sentido.

Pareciera que son momentos como estos los que se encargan de recordarnos que SOMOS UNO. Que formamos todos una misma familia y vivimos además en la misma casa, en este planeta, al que tenemos la obligación de cuidar. Este planeta donde en realidad controlamos pocas cosas, pero de entre esas pocas cosas que controlamos tenemos SIEMPRE la opción de hacer el bien, de ayudar, de solidarizarse, de pensar en el otro, simplemente porque el otro soy yo, y yo soy el otro.

Acerca de LaLoren

Migrante permanente: 21 años tapatía, 1 lyonesa, 2 parisina, 2 grenadina, 1 guadalupense, 1 chiapaneca, 1.5 chilanga, 1 trinitaria, 0.5 ginebrina, 3.5 panameña, ? libanesa
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