Carta a padres en duelo

Queridos Papá y Mamá en Duelo,

Supe de su pérdida. Los estoy pensando y sosteniéndolos en mi corazón desde hace algunos días, por lo que me decidí enviarles este mensaje, esperando les brinde un poquito de consuelo y de esperanza.

El 28 de julio de 2011 nuestra hija Léa, de dos años y medio, murió sorpresivamente en el hospital pediátrico de Trinidad y Tobago. Era nuestra primera hija y yo estaba embarazada de nuestro segundo hijo. Recuerdo que a la ceremonia luctuosa se presentó una señora de la empresa de bienes raíces que nos había ayudado un año antes a encontrar la casa donde vivíamos, y me platicó que ella también había perdido a un hijo hacía más de veinte años. Por la forma en que lo decía era como si hubiera sucedido ayer. En ese instante sentí que esa señora entendía perfectamente lo que estábamos viviendo mi esposo y yo, y no sólo se compadecía de nosotros. Es ese mismo sentimiento el que me motiva a escribirles hoy.

Quiero que sepan que todo va a estar bien (a veces muy a pesar de uno mismo…). La fuerza, la paz y la aceptación que necesitan ya están en ustedes, y es precisamente en estos momentos tan intensamente dolorosos que uno se da cuenta de ello. Estoy convencida de que personas como nuestros hijos vienen con una misión bien clara, y es la de recordarnos que todos llegamos a este mundo con un boleto de regreso, con una fecha bien definida, con una validez que no conocemos, pero que no cambia nunca. Ni la vida de Léa ni la de su hijo fueron interrumpidas, no es culpa de nadie, ustedes hicieron lo mejor que pudieron, así como nosotros. Ellos vivieron toda la vida terrenal que tenían que vivir y lo que es increíblemente grandioso es que en tan poco tiempo hayan logrado generar tanto amor (que creo es el propósito de cada uno de nosotros en esta vida).

Y de eso se irán dando cuenta, poco a poco, de cómo su hijo vino a enseñarles lo que significa amor incondicional, eterno e infinito. Y esa lección no es sólo para ustedes, sino para muchísimas otras personas que ya fueron tocadas por ese ángel. Basta ver la cadena de solidaridad, de amor y de empatía que se generó desde su nacimiento en tanta gente que a veces ni siquiera los conoce ni los conocerá en persona.

Les esperan muchos días y muchas noches de tristeza, de sufrimiento, de incomprensión y de sentimiento de injusticia. No pasará un solo día en que no piensen en su hijo. Las fechas quedarán tatuadas en sus cuerpos. El dolor es tan físico como para un mutilado, que aprende a vivir con la ausencia pero consciente de que nunca se repondrá de la pérdida. A pesar de todo, y aunque sea difícil de creer en este momento, es muy probable que la venida de su hijo sea lo más extraordinario e importante que les vaya a suceder. Sus vidas están a punto de cambiar, nunca volverán a ver las cosas igual, las prioridades serán otras y se enfocarán en la verdadera esencia de la existencia. Sólo se trata de confiar en que todo lo que nos sucede, es siempre y únicamente, para bien. Y que nuestros hijos lo único que hicieron fue adelantarse allá a donde vamos todos.

Les mando un abrazo muy fuerte, repleto de luz, de empatía y de amor.

Acerca de LaLoren

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