Derbez, exigo mi devolución.

Atención Eugenio Derbez:

El día de ayer tuve la mala idea de ver la película que usted produce, dirige y donde además actúa. Lo hice guiada por varios artículos leídos en la prensa que mencionan el récord de entradas logrado por su ópera prima “No se aceptan devoluciones”, tanto en México como en Estados Unidos, posicionándola como la película mexicana más taquillera de la historia (debí de haberlo sospechado, popularidad no es sinónimo de calidad, y son contadas las películas taquilleras que me han gustado…).

Digo que fue muy mala idea porque nadie tuvo la gentileza de advertirme con lo que me iba a topar. Creo que así como se les asigna clasificaciones a las películas, advirtiendo a partir de qué edad uno es apto para verla, de acuerdo a las escenas de sexo, violencia y groserías, de la misma forma se debería de advertir al espectador que tal o cual película no es apta para quienes no desean sufrir, pues ya han sufrido demasiado. A quienes se nos ha muerto un hijo ya fuimos fatalmente asombrados por la vida, no necesitamos más sorpresas, ya tuvimos suficiente, no nos merecemos que un comediante a quien ya de por sí le cuesta trabajo deshacerse de viejas fórmulas actorales de comedia barata que le resultaron exitosas, siendo un papá de felpa o el amigo burro de un ogro verde, nos haga llorar desconsoladamente con un final de película morboso y melodramático. Nosotros ya hemos llorado mucho, no nos merecemos que una película nos haga llorar más.

Por eso le exijo que me devuelva al estado al que me encontraba yo antes de ver su desdichada película. Que no quiere decir que no me acordara de mi hija muerta, ni en lo terriblemente miserable que la vida puede ser a veces. Pero por lo menos me sentía un poquito menos amargada. Hoy amanecí reprochándole al mundo que personas como usted, que no tienen la mínima idea de lo que es perder a la persona que uno más ama en esta vida, se haga millonario explotando ese tema. Amanecí también recriminando a todos los que, seguramente, vieron la película y se acordaron de nosotros, padres en duelo de verdad, pero no pensaron en advertirnos lo mucho que nos dolería verla. Pero sobre todo estoy enojada conmigo misma, por haber tenido la idea de ver su película, y además haber invitado a mi esposo a verla conmigo. Por haber, sin querer, pero de forma voluntaria, y con el sólo afán de entretenimiento, echado más limón a nuestra ya de por si dolorosa herida.

 Atentamente,

 Una madre huérfana de hija, de la vida real.

Acerca de LaLoren

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